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El.mundo.de.Daan

Intento asesino.

Intento asesino.

     Es de noche de nuevo, y la fortuna se empeña en llenar mis ojos de sonrisas y de lágrimas, como frío caudal que deja constancia de que conocí tu alma y tu presencia, así, como recuerdo...Tan así que precisamente le recuerdo con la sensibilidad a cuestas y entonces mis ojos se llenan de paz y de esa libertad que siempre soñé que vería venir a mí cuando conociera el amor.   

    Mi alma tenía razón, la sensación de plenitud era tan grande, ¡ tan grande...!, que la simple caridad de una sonrisa se contagió de mis sueños más esperanzadores y le quise, le quise tanto, al grado de que ¡aún puedo afirmar con el alma, ¡Le quiero...! es imposible negar que por mí, pasó el amor, y dejó en mi piel y en los aromas del viento, un rastro de virtudes aladas llenas de rocío. 

      ¡Es!, ¡Era tan sencillo amarle, tan loco, tan profundo, tan sublime! qué la vida justa que siempre precedía cualquiera de mis sonrisas, tenía que cobrar con réditos los aleluya que gozosa envíe al cielo, desde que supe de su existencia.

    Era justo, sabía que la vida todo se cobra, incluso ese momento de oportuno razonamiento fue imprudente y se terminó por estallar ante la veracidad de mi conciencia y la palabra que se perdió es un precedente entre sus labios, y mis manos.  ¡ Fue tan fácil deshacerse de la roja retribución de antaño por la soledad, que la vida misma se encargo alguna vez de voltear aquel pedazo de sentimiento, y volverlo fuego entre mis manos.  Un fuego que se consumió tan rápido... que ni siquiera tuve tiempo de decir adiós. 

     Y hoy, hoy precisamente que la vida se desbalaga en aromas y colores como si fuese la primera vez que surgen a mi costado, ¡Debo matarle!, si, matarle, o al menos intentarlo... y no sé por donde empezar, y aún así, lo intento y lo intento tantas y tantas veces, que en la piel se van formando arrugas y en las arrugas versos, y en los versos, pena, en ella dolor, y luego como si no existiese otra cosa, ni otra salida, mis ojos se derraman diciendo que no es justo, que nada es justo, ni siquiera yo por vivir enamorada de un sentimiento que yo misma ahora, debo matar, a sabiendas que me hará más daño tratar de olvidar  de esta forma.   

     ¡ Sin embargo, sé que hoy, hoy debo matar al amor...! yo, yo que soñé toda una vida con un alma limpia como la suya, debo velar por ello mismo y desterrarte de mi vida y mi pensar como si no existiese mayor dolor ante mi Dios, que me vio un día la promesa de proteger la vida que un día me prestó.  

     ¡Qué dolor más grande es amar, con la conciencia a una realidad y las manos en una esperanza que muere por propia mano;  sin saber, si es verdad que existo o existí alguna vez, dentro de mi propia fortaleza y mis propios sueños!, ¡Qué doloroso es saber ahora que teniendo el amor en la conciencia plena de mis más efímeros sueños, debo volcarlos en el suspiro incierto de una caja mortuoria y deshacerme una y otra y otra vez, de todas esas palabras que un día me sirvieron para conocerle y conocerme...  

      Es tan duro ver eso entre mis sentidos, que todo se va formando sencillamente como si de miles de flores resurgieran solo para dar constancia de que existen, sin saber que por ello, el dolor acumulado se va haciendo más grande, en lugar de efímero o de esfumar mi sentir con miras a no decir más “Le quiero...”, le quiero, le quiero...   

      ¡Ay, si sé supiera cuanto duele decirlo, si supiera, cuanto duele ver que en mis manos se quedan las gotas de rocío que prometí para él, a base de besos, si supiera! ¡Si de verdad supiera cómo y qué hago para contener mi grito, y su nombre entre mis labios sin herir a nadie, si supiera!   

      Si supiera que debo morder la almohada que antes acariciaba con ternura, para no gritar entre las sombras de la luz que trae la farola de la calle;  si supiera que hasta los grillos y las ranas del jardín han, tomado conciencia de mí y de su ausencia al grado de cantarme con su silencio, como lo hace él, ¡Si supiera.!

   Si supiera que ahora puedo levantar la cabeza en alto y responder a Dios, todas aquellas preguntas que una vez me hizo del porqué de mi guardar;  pero qué va, el infinitivo no existe, y ese supieras se va quedando como  roca colgada al cuello de esta hembra que sabe no regresará, por cuan ve venir ese proceso ya recorrido de antaño, cuando la soledad iba y venía como cruel definición de la palabra vida.  ¡ Ay amor, porqué tengo que matarte, para poder nacer, dime porqué?.  Si soy más consciente de mí, así, de esta forma, que si paseo refundida entre el dolor que se produce en mis dedos por escribir en el viento tu nombre y todas aquellas palabras tan suyas que se grabaron en mí y en mi conciencia, como si fueran el aire, empeñadas ahora en deber consumir este crimen pasional por cuanto siento... 

      ¿Pero porqué, dime porqué debo enterrar al hombre que amo entre una gruesa pared que recoge besos y cenizas para formar solo una hoja en blanco, que callando, dice tanto o más que sus palabras y que su ausencia, ¿Porqué, dime porqué debo matar tu añorada transparencia, si ahora sé que la certidumbre de conocerle no era más que otro sueño que se esfumó como la sangre, en cíclica respuesta silenciosa de la piel.   

       Dame uno, uno sólo de esos motivos que me ayuden a poner pala sobre pala para terminar por cubrirte todo y que no salgas más de mi entereza...

    ¿Dime porqué el amor tiene que ser callado?¿Dime porqué, amor, debes morir así?, si ni siquiera me diste la oportunidad de besar sus labios, ni tomarle de sus brazos para besar sus cejas, ni beber de sí la escencia pura del amor de Dios.

    ¿Dime porqué, al ir enterrando tu cuerpo entre la sangre de mis venas, terminó por decir su nombre, una, y otra, y otra vez, sustituyendo el mirar por este dolor tan engreído que me hace suspirar y pensar que si él no vive en mí, tampoco yo quiero cosechar jazmines entre las gardenias de mi jardín.

   ¡Ay, el amor! Que doloroso es irle formando de tierra y poniendo lodo sobre lodo para enterrar uno a uno los signos de tu presencia, en el significado de que él, fue promesa en sus labios,  sabor en sus besos,  aroma en su hombría, y la tierna suavidad con que me fue formando mujer al dejarme decirle “Te quiero...”, te quiero, te quiero.

    ¡Pero hoy, ya lo vez, intento matarte, y enterrar a mi hombre entre la suavidad de ese mí jardín  secreto, que se secreto ya no tiene nada, por cuando de pronto se volvió el más visitado por cuan abierto fue para morir! y yo, yo me vierto ahora en tu asesina, yo que intento matar mis sueños y aunque intento restituir ante Dios, la palabra hombre, el aroma de sus besos y mi añejo dolor de hembra y mujer, ese dolor tan inverosímil que se formó de intentar matarte por cuan significa tu nombre “ amor”, me voy y me veo en la misma constancia de que por amarle en lo profundo de mi propio fuego, vuelvo a  sentirme vacía y más solitaria que nunca.  

       ¡Es tan extraño amarle así, tan extraño!, que este deseo inverosímil de matarte dentro de mí, ya va costando que esa sonrisa que me hizo formarme, sean los clavos de tu propio ataúd; es curioso como es tan sencillo morir en el amor cuando uno se guarda las flores para su propio funeral.... ¡tan sencillo.!, que se me ha ocurrido de pronto intentar matar la escencia de la palabra amor, a sabiendas que solo es una careta para no llamarle en voz alta, como cada noche cuando le pienso y le siento tan cerca de mi, a pesar de su empeño por alejarse en si mismo.                

       ¡Por eso hoy, hoy precisamente que intente asesinar la justificación más pura del significado del nombre, Amor; se terminaron por entumir mis labios de tanta falsedad por cuan no puedo lograr, y en lugar de enterrarle bajo el lodo, he acabado por limpiarme estas viejas lágrimas así, diciéndote, “Le quiero...” le quiero, le quiero...   

       ¡Maldita sea, ya lo vez ni siquiera matarte puedo hacerlo bien, y ahora te veo fluir como cínica carcajada entre la pared blanca de mi habitación y la funda verde de mis almohadas.!   

        Y yo, yo que renegaba de tu existencia misma, ahora te maldigo e intento cínicamente cubrirlo a él de aleluyas, para no sucumbir ante su fuerza y su fortaleza mezquina de ausentarse tanto, sabiendo que le quiero, como le quiero, y le extraño, como le extraño. 

      ¡ Maldita, maldita sea la escencia de la palabra amor! ni siquiera puedo ser la asesina de mi efímero destino, a sabiendas de que el destino no es otro más que mi conciencia.

      ¡ Maldito, maldito sea el significado del amor! Hoy, hoy tampoco quiso morirse, ¡Hoy tampoco! 

                                                                                                             Daanroo

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2 comentarios

Blood -

Amiga mía, creo que debí ser más explícito en mi invitación. Me refería a mi blog El patio trasero:
http://backpatio.blogspot.com

Saludos sangrientos

Blood

Blood -

Estimada y olvidada amiga: te invito a jugar a mi patio trasero.

Saludos sangrientos

Blood
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